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jueves, 9 de abril de 2015

Mitos y leyendas guaraníes, hoy: El Tejú Yaguá



Debido a la maldición lanzada por Arasy contra Taú por haber raptado a Kerana, su descendencia será por siempre deforme y monstruosa.
Así, el primer hijo de la pareja es un enorme lagarto con siete cabezas de perro cuyos ojos lanzan llamaradas. Esas cabezas le dificultan cualquier tipo de movimiento. En algunas versiones, Teyú Yaguá sólo tiene una enorme cabeza de perro. Pero en todas las varientes coinciden en su escasa capacidad de moverse.
Su aspecto era el más horroroso de los siete hermanos. Sin embargo su ferocidad fue aniquilada por deseo de Tupá. Era dócil e inofensivo, pero aún así era temido por su mirada fulgurante.
Se nutría de frutas, y su hermano Yasy Yateré le proporcionaba miel de abeja, alimento de su predilección. Fue considerado como el señor de las cavernas y protector de las frutas. Se lo menciona también como genio protector de las riquezas yacentes en el suelo. Su piel adquirió brillo revolcándose en el oro y las piedras preciosas deI tapé.

Fuente: Colman, Narciso R. (Rosicrán): Ñande Ypy Kuéra ("Nuestros antepasados"), 1929.
Fuente: Diccionario de Mitos y Leyendas - Equipo NAyA

miércoles, 1 de abril de 2015

Capi-Ñaro (La Paja Brava), leyenda guaraní



Cuenta la tradición que cuando aún andaban por el mundo Tupá y Añang, llamando el uno al bien de los hombres y las bestias, y el otro luchando secretamente concitando el mal, existía una tribu inquieta, nómade y guerrera, sin arraigo ni paz.

Tupá se llegó hasta esa tribu y alzando sus manos hacia el Sol, les habló llamándoles al bien y pidiéndoles que dejaran su vida de viajeros eternos y se afincaran, fundando el suelo y dando organización a sus familias y chozas. Les aconsejó que buscaran terreno fértil y levantaran sus toldos, que él les daría ingenio y voluntad, que desarrollaran normalmente sus vidas.

Pero Añang no descansaba, y cuando Tupá abandonó tierras para seguir su camino, aquél, ciego de ira lanzó un anatema terrible a la tribu buena; y allí mis convirtió cada familia en una macizo de paja brava, hirientes, ríspidas, agresivas y ariscas. Realizada su obra de mal, se alejó de los campos y se hundió en los Infiernos, enojado con Tupá.

Cuando este regresó de su largo viaje y contempló la obra del Demonio, de nuevo con dulzura se dirigió a las plantas y dijo:

- Añang castigó con crueldad mi obra en vosotras. Os hizo malas, agresivas, hirientes... Yo sin embargo os volveré buenas, cordiales, útiles. Floreceréis como todas las plantas, tendréis un penacho altivo y bello, que será símbolo de pureza, y tendrán utilidad vuestras hojas. Serán ellas las que protejan al hombre de la intemperie y el frio...

Y volvió a caminar por el mundo, enseñando a indios y criollos a hacer los techos y viviendas con paja brava.